martes 20 de marzo de 2012

Bike caps

El sillín de mi bici se rajó este invierno. Mejor dicho,  estalló. Mi hipótesis es que con las temperaturas de menos 15 a las que hemos llegado, el gel de relleno del sillín se congeló y rajó el cuero (o más bien, la imitación a cuero) de fuera. El sillín sigue cumpliendo su función, por lo que por el momento no pienso cambiarlo, pero tampoco me apetece ir sentada encima de una raja de la que sale esa especie de gel o silicona del relleno, así que he encontrado la excusa perfecta para comprarme un cubre sillín o “bike cap”.

Las “bike caps” son forros de telas plastificadas para cubrir el sillín de la bici mientras no se usa y si llueve, luego poder sentarte en seco. Yo la voy a utilizar como embellecedor. ¿No creéis que el estampado de matriuscas es lo más? Aquí os dejo con otros modelos. ¡Todos geniales!


Yo la he comprado en esta tienda (por cierto, si vas al barrio de Haidhausen en Múnich, merece una visita) por 11 euros, pero para quien le interese, en la web de la marca bikecap las envían a España por 13,45 euros.


Todas las fotos vía http://www.bikecap.nl/

sábado 17 de marzo de 2012

Bolso veo, bolso quiero

Antes de llegar a Múnich nunca me llegó a gustar del todo el clásico bolso “Le pliage” de Longchamp que venden en todos los aeropuertos. Sí, esos bolsos plegables de nylon con asas y cierre de cuero en todos los colores. Me parecía que tenían un aire de abuela, poco moderno y trasnochado. Hasta que llegué a Múnich.


Aquí lo lleva todo el mundo. Y cuánto más lo veo, más me gusta.




Por lo que he leído en la página web oficial el éxito del modelo está en su diseño basado en el arte japonés de doblar papel, el Origami, aparte de por su sencillez. Es un bolso amplio y ligero al mismo tiempo.

Como soy fácilmente influenciable y me gusta lo que veo que en la calle lleva todo el mundo, a partir de hoy me declaro fan incondicional de los bolsos Longchamp “Le pliage”. Yo tengo un Longchamp, que no es de nylon, sino todito de cuero, que me regaló mi señor esposo, antes de serlo, y al que saco muy poco de paseo, así que a partir de ahora a fardar de bolso.


Por cierto, llevamos unos días de sol y calor en Múnich que no me lo puedo creer. ¿Quién me dijo que en Alemania el clima era para llorar? Al menos en Baviera parece que no… ¡Buen finde!

miércoles 14 de marzo de 2012

Baño decimonónico en el “Müllersches Volksbad”

Ni mi traje de baño de Decathlon es así de estiloso,

vía modacomplementos.es
ni mi gorro de baño me queda tan bien como los sombreros de la foto,


Pero yo todas las mañanas,  cuando me meto en la piscina a nadar mis 10 largos de crol, mis 6 de braza y mis 6 de espalda, me siento una mujer del siglo XIX en plena efervescencia de la moda y vida modernista en Múnich. Y es que yo no voy a una piscina cualquiera a hacer deporte, yo nado en el “Müllersches Volksbad”, una reliquia del modernismo alemán (conocido como Jugendstil).
via www.smv.de
Construido a principios del XIX, fue un regalo del ingeniero Karl Müller a la ciudad de Múnich, con el deseo de acercar el lujo del baño a todos los ciudadanos. Al parecer, fue la primera piscina pública de Europa. Enfrente del “Deutsches Museum” (museo alemán) y al pie de la “Ludwigsbrücke”  (puente de Luis) se yergue este edificio tan fascinante en sus decorados y detalles, tanto en la fachada como en su interior.










Lástima que para visitarlo por dentro haya que esperar a la noche de los museos a mediados de octubre o pagar la entrada y darse un chapuzón (es una piscina pública así que son precios razonables). En cualquier caso, merece la pena darse un paseo por el Isar y al menos disfrutar del “Volskbad” (baño del pueblo) por fuera.




lunes 12 de marzo de 2012

Trenzas, trenzas y más trenzas!


Llegamos a Múnich en septiembre del año pasado, coincidiendo con el “Oktoberfest”. La ciudad estaba en plena exaltación, todo el mundo vestido de “Tracht” o trajes regionales. Y cuando digo todo el mundo es, tooodo el mundo. Era muy divertido pasear por la ciudad y ver los diferentes modelitos de vestidos, porque aquí cada una adapta su “Tracht” a sus propios gustos y estilo. Pero lo que más me fascinó es ver a casi todas las chicas con sus peinados de trenzas. Parte de la moda tradicional bávara es llevar un recogido con una o dos trenzas ya sean sueltas o, a su vez, recogidas en uno o dos moños. Pero en esto de los peinados, las cosas también han evolucionado, y las más estilosas llevaban unas trenzas de lo más modernas.


Yo pensaba que los peinados iban a desaparecer con el fin de la fiesta de la cerveza, pero he podido ver que muchas chicas siguen llevando las trenzas como parte de su “styling”, y a mí no me puede gustar más. Me parece un peinado que, al menos en Madrid, apenas nadie lo lleva, pero que sienta genial y que puede dar mucho juego a una melena suelta o a una coleta. Yo ya estoy dejándome el pelo largo para poder experimentar este verano. Además, según la revista Glamour en su versión alemana, esta primavera y verano van a ser un “must”. Os dejo con más fotos.



Todas las fotos vía Pinterest.

viernes 9 de marzo de 2012

Las mejores Brezeln de Múnich


Las Brezeln.... ¡qué sería de Múnich sin las Brezeln! A mí me encantan, a mi señor esposo le encantan, a mi hija le chiflan, es una de las primeras palabras que ha aprendido a decir,…, no conozco a nadie que no le gusten las Brezeln. En este artículo se explica bastante bien cuál es el misterio de este tipo de pan con forma de corazón o lazo. Parece que se hace con harina, leche y mantequilla y suele llevar sal gorda en su exterior. Yo creo que el secreto de su éxito es la mantequilla y cuánta más, mejor, más esponjosa y sabrosa está a mi entender, que tampoco es de experto.

Las he probado ya de todos los tipos, normales, de harina integral, con cereales, rellenas de mantequilla (estás son una “bomba” pero están buenísimas), rellenas de queso, de “leberkäse” ( el leberkäse se merece un post especial), y en mil establecimientos distintos (las encuentras en cualquier lado). Y las mejores, sin duda, son las de BREZELINA. Hay una diferencia abismal con el resto de Brezeln que he probado, yo creo que es porque la masa lleva mucha mantequilla y están en su punto de sal, por lo que salen siempre esponjosas y no se ponen duras enseguida.

BREZELINA es un mini-stand, con una imagen de lo más chic, por cierto, en los pasillos comerciales del metro “Karlsplatz”, conocidos como las “Stachus Passagen” así que, como está en pleno centro, merece la pena bajar para pedir al menos una.

miércoles 7 de marzo de 2012

Mi nueva cesta SILJE

Siempre que voy a IKEA pico con algo. Ayer fui a por unas estanterías baratillas que necesitaba para el trastero de casa, que desde nuestra mudanza está pidiendo a gritos que lo ordenen. Y yo, que soy muy ordenada (a veces no sé si es una cualidad o más bien un defecto), cada vez que bajo a dejar algún trasto o buscar otro, me dan los siete males de verlo todo pata arribas. Así que me fui a IKEA únicamente para comprar dos estanterías ALBERT. Ya que tenía muy claro qué es lo que necesitaba, fui con la firme intención de ahorrarme el recorrido por la exposición de muebles. Ese recorrido en el que en cada esquina te encuentras con algo que no pensabas comprar pero que es tan mono, tan blanco, tan alegre  y puede quedar tan bien en cualquier rincón de tu casa, que acabas cogiendo para llenar una de esas bolsas amarillas enormes que te dan en la entrada y que has cogido sólo “por si acaso”. Y sí, conseguí ahorrarme el recorrido, ya que busqué a un vendedor que muy amablemente me indicó el pasillo y el estante del almacén dónde recoger mis estanterías. Pero en el almacén de IKEA no sólo están los muebles, no. Los tíos responsables de marketing en IKEA  son muy listos y aprovechan cualquier espacio libre para poner una caja con todas esas cosas bonitas que no pensabas comprar nunca, que te has resistido a coger durante tu recorrido por la exposición de muebles,  pero que pueden quedar tan bien en tu casa. Así que si lograste no sucumbir a la tentación de llevártelos la primera vez que los vistes, la segunda vez te va a costar, con lo que acabas picando y comprando algo más de la cuenta.

He de confesar que llegué a la caja con mi carro lleno, y no sólo de las dos estanterías ALBERT. Menos mal que había cola y, mientras estaba esperando a pagar, empecé a mirar todo lo que había cogido y me di cuenta de que no necesito más trapos de cocina baratos, ni más flores de mentira, ni tiestos, ni marcos de fotos, por muy monos que sean. Estuve un buen rato decidiendo si dejarlo todo o llevarme alguna de esas monerías tan baratas, pero mi tacañería ganó la batalla y empecé a vaciar de trastos mi carrito. Salvo un capricho: mi nueva cesta SILJE. Todavía no sé muy bien si usarla para guardar mis cremitas en el baño, o los pañales de mi peque en su cuarto o los retales que me van sobrando de mis manualidades, o incluso como panera, que es lo que oficialmente es. Lo que sí sé es que es un diseño muy chulo para copiar y hacer un DIY en toda regla. Si tengo paciencia y maña, igual intento hacer mi versión de la cesta con alguna tela.

lunes 5 de marzo de 2012

Mi primer vestido



Al fin, terminé mi primer vestido con la máquina de coser. Era la primera vez que utilizaba una máquina de coser, bueno, mejor dicho, LA máquina de coser, porque he heredado una máquina de coser “Wertheim” que mi abuela compró en el año 63 y que sigue funcionando estupendamente. Vino un señor muy amable a casa a revisarla, ya que llevaba 10 años sin utilizarse, y me dijo que hacía tiempo que no veía una máquina de coser con un punto tan elegante y limpio (¡textual, no me invento nada!). Así que estoy la mar de feliz con mi reliquia familiar, por su valor sentimental y porque es una de esas cosas que ya no se fabrican, que duran años y años sin que su muerte (obsolescencia la llaman) esté previamente programada.


Pero volviendo a mi vestido, como es lo primero que me lanzo a coser, creo que he cometido toooodos los errores que una principiante puede hacer, por lo que me ha salido un churro de vestido, el pobre, con arrugas y descuadrado. Pero sus defectos no quitan que me sienta súper orgullosa de él y especialmente de haberlo terminado, porque he querido tirar la toalla unas cuantas veces.

Eso sí, ahora sé que para aprender a coser a máquina lo mejor es empezar con algo sencillito, que no lleve forro, ni dobladillos, como un neceser o una funda para el móvil, así que mi próximo proyecto “cose-cose” será algo más de mi nivel.