
Siempre que voy a IKEA pico con algo. Ayer fui a por unas estanterías baratillas que necesitaba para el trastero de casa, que desde nuestra mudanza está pidiendo a gritos que lo ordenen. Y yo, que soy muy ordenada (a veces no sé si es una cualidad o más bien un defecto), cada vez que bajo a dejar algún trasto o buscar otro, me dan los siete males de verlo todo pata arribas. Así que me fui a IKEA únicamente para comprar dos estanterías ALBERT. Ya que tenía muy claro qué es lo que necesitaba, fui con la firme intención de ahorrarme el recorrido por la exposición de muebles. Ese recorrido en el que en cada esquina te encuentras con algo que no pensabas comprar pero que es tan mono, tan blanco, tan alegre y puede quedar tan bien en cualquier rincón de tu casa, que acabas cogiendo para llenar una de esas bolsas amarillas enormes que te dan en la entrada y que has cogido sólo “por si acaso”. Y sí, conseguí ahorrarme el recorrido, ya que busqué a un vendedor que muy amablemente me indicó el pasillo y el estante del almacén dónde recoger mis estanterías. Pero en el almacén de IKEA no sólo están los muebles, no. Los tíos responsables de marketing en IKEA son muy listos y aprovechan cualquier espacio libre para poner una caja con todas esas cosas bonitas que no pensabas comprar nunca, que te has resistido a coger durante tu recorrido por la exposición de muebles, pero que pueden quedar tan bien en tu casa. Así que si lograste no sucumbir a la tentación de llevártelos la primera vez que los vistes, la segunda vez te va a costar, con lo que acabas picando y comprando algo más de la cuenta.
He de confesar que llegué a la caja con mi carro lleno, y no sólo de las dos estanterías ALBERT. Menos mal que había cola y, mientras estaba esperando a pagar, empecé a mirar todo lo que había cogido y me di cuenta de que no necesito más trapos de cocina baratos, ni más flores de mentira, ni tiestos, ni marcos de fotos, por muy monos que sean. Estuve un buen rato decidiendo si dejarlo todo o llevarme alguna de esas monerías tan baratas, pero mi tacañería ganó la batalla y empecé a vaciar de trastos mi carrito. Salvo un capricho: mi nueva cesta SILJE. Todavía no sé muy bien si usarla para guardar mis cremitas en el baño, o los pañales de mi peque en su cuarto o los retales que me van sobrando de mis manualidades, o incluso como panera, que es lo que oficialmente es. Lo que sí sé es que es un diseño muy chulo para copiar y hacer un DIY en toda regla. Si tengo paciencia y maña, igual intento hacer mi versión de la cesta con alguna tela.